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jueves, 27 de febrero de 2025

VACACIONES DE UNA NOCHE. NUEVO COLE, NUEVOS RETOS

Hoy, por primera vez en su vida, mi pieza TEA ha ido de colonias. Nada, dormir una noche fuera. con sus nuevos compis de cole, con sus nuevas maestras. Como madre, tenía, bueno tengo, un poco de miedo, a que quiera volver, a que se agobie, o que tenga un berrinche de los suyos.

Durante toda esta semana, le he ido explicando que iría de vacaciones con el cole (colonias no lo entiende, excursión entiende que es ida y vuelta el mismo día, así que vacaciones). Lo primero que me dijo cuando le dije que dormiría fuera de casa fue decirme:"Y la mama". Se me cayó el alma a los pies, pero seguí insistiendo y cada día casi a cada rato le contaba sus vacaciones. 

Esta mañana al despertarse, parecía nervioso. No paraba de ir arriba y abajo del pasillo, repitiendo el nombre del cole y diciendo que a dormir con la chica de prácticas. Sin embargo, cuando le he puesto la bolsa del saco al hombro y cuando le he hecho coger su maleta, no ha dicho nada. No lo ha soltado a mitad de camino del coche. Al contrario sonreía.

Como siempre que mi pieza TEA ha ido de excursión, he pedido llegar más tarde al trabajo para poder despedirme de él, siempre  con un abrazo, mil besos y un "passa-t'ho súper!". Pues bien. Hemos llegado pronto. Hemos esperado dentro del coche. Mi pieza TEA, ansioso por bajarse, ha apagado la radio. Yo observaba el empezar el día en un cole de educación especial. 

Con lentitud han ido llegando maestras. Una de ellas nos ha saludado. Le he preguntado a mi pieza TEA quien era, y sin dudarlo me ha dicho su nombre. Iban llegando coches, iban llegando papás con sus hijos, algunos en silla de ruedas, otros, bien cogidos de la mano para que no se desviaran del camino.

Han llegado los autobuses. Han bajado niños y niñas, chicos y chicas, todos con una alegría en su rostro que me ha emocionado. De fondo, se escuchaba música, canciones conocidas por todos de los grupos catalanes de ahora. Todos iban directos a la entrada del cole. Algunos se saludaban entre ellos, otros sin mirar a nadie, encaminaban sus pasos hacia sus clases. 

Hemos bajado del coche y, de nuevo, le he hecho coger todos sus trastos, maleta, mochila y saco. Sin rechistar y con una decisión envidiable, se ha dirigido a la entrada del cole. Me ha parado su nueva tutora, a la que no conocía. Muy bonica ella, muy amable y con un piropillo para mi pieza TEA "és molt bon nen". Y mientras hablaba con ella, mi pieza TEA, se iba sin decirme ni adiós. He corrido como una loca de punta a punta del patio porque necesitaba abrazarle, decirle adiós y darle los mil besos de mamá empalagosa. 

Una vez conseguido el objetivo, he subido al coche. No podía esperarme a que se fueran porque el deber me llamaba. Pero antes, me he encontrado una mamá que conocí en una de las terapias de mi pieza TEA. Un abrazo sentido de dos personas que se solían hablar diez minutos cada semana mientras no terminaban la sesión nuestros hijos. 

Sentada en el coche, no he podido irme. He tenido la necesidad de deleitarme observando desde fuera, el día a día del lugar donde mi pieza TEA parece estar feliz como una perdiz. Entretenerme mirando a esos papás y mamás a los que les ha tocado la misma suerte que a mí. Comprobar que, al final, aunque el dolor sea perenne, la sonrisa no la pierden, el amor por sus hijos menos. He sentido una paz extrema. Un ser consciente que fue el acierto más grande de mi vida para mi pieza TEA. Que está rodeado de buena gente, que adora su trabajo, que seguro que es vocación pura y dura. Un entorno seguro donde sé que mi pieza TEA crecerá lo que no está escrito. Porque ya ha hecho avances, ya he podido ver cambios. Y sé que habrá más.

Al arrancar el coche, he tenido la mala suerte de ver que mi pieza TEA había salido al patio. Se ha acercado a la cerca y ha visto mi coche. Mi instinto ha sido tirarle muchos besos volados (gracias por la expresión a quien corresponda, seguro que sabe quien es), para que le llegaran bien adentro, para que supiera que lo que más quiero en este mundo es a él. Sólo a él. 



sábado, 15 de febrero de 2025

DÉJATE LLEVAR POR LA CORRIENTE DEL RÍO

El tiempo pasa como una bocanada de aire fresco. Es fugaz. Y de tan rápido que pasa, nos olvidamos muchas veces de saborear los pequeños triunfos del día a día. A veces, somos tan tontos que nos paramos a regocijarnos en las pequeñas derrotas, en recordarlas una y otra vez, analizando cada punto, cada esquina, cada línea... ¿para qué? Realmente para nada.

Superabuela TEA siempre me lo decía: "déjate llevar por la corrente del río". Y yo por dentro pensaba "me voy a ahogar". Quizás porque siempre vivía ahogada por las derrotas absurdas que iban sucediéndose una detrás de otra. Sin embargo, lo que no sabía en esos momentos es que todo eso que me ahogaba no eran sino pequeñas curvas sinuosas donde no necesitas agarrarte a nada. 

Fue con mi pieza TEA, son su diagnóstico tan temprano, cuando empezaron las curvas de verdad. Las que mareaban, las que podían hacerme vomitar de tanto sacudirme a un lado y al otro. Sin un objetivo fui dando tumbos. Ahora izquierda, ahora derecha. El mundo del revés, mi vida del revés, yo sin ser persona. Más de un año regocijándome en un dolor que nunca se iría. Hasta que él, mi pieza TEA me dio las riendas de nuestras vidas y me hizo entender que el único objetivo era seguir, mirar pa'lante. Con un rumbo bien definido: vivir lo mejor de la vida. 

Y así, las curvas fueron siendo menos curvas, las rectas fueron felices toboganes por los que bajar, siempre de la mano, sin soltarnos, riendo juntos, cantando juntos. Disfrutarlo sin pensar para nada qué sería de él en el futuro. Porque, ¿quién sabe algo del futuro? Nadie. Seguro. 

Y entonces perdí el miedo a ahogarme. Perdí el miedo a dejarme llevar por la corriente del río. Aunque es cierto que solo lo hice con la corriente del río por la que iba mi pieza TEA. Las demás parcelas de mi vida, los distintos ríos por los que vagamos... esos, esos todavía me ahogan a días. Me fuerzo  a cogerme a cualquier pedrusco del río para evitar dejarme llevar. A veces suelto una mano, esperando ser arrastrada por la corriente, pero, al final, vuelvo a agarrarme, quizás con más fuerza. Eso es miedo. 

Y ahora, en breve nuestras vidas van a dar un cambio. Cambio de ciudad, cambio de casa, cambio de rutinas, cambios en lo que era conocido por los dos. Y da miedo. Da miedo por mi pieza TEA, que no se adapte, que no consiga hacer nuestro el hogar que voy a construir para nosotros. Sé que me tengo que soltar. Y ya he liberado una mano. Y se siente bien. Deja que el agua pase bailarina entre los dedos. Nota las cosquillas de los vaivenes de la corriente y se relaja. Llama a la otra mano animándose a soltarse. Se soltará, lo sé. No queda otra porque es mi futuro presente próximo. 

Sólo deseo que ese sueño de construir NUESTRO HOGAR (sí, en mayúsculas) se haga realidad. Por mí, pero, sobretodo, por mi querida pieza TEA. 


MI PIEZA TEA


martes, 28 de enero de 2025

DIVAGACIONES

Casi ya finiquitado este primer mes de 2025. Mi pieza TEA ya no es un niño. Los signos de la adolescencia son más que evidentes. Pelillos en el bigote, granitos y espinillas por toda el rostro (por suerte no se los toca ni se los deja tocar),  su cara empieza a angularse, menos redonda, menos niño. Pero para mí sigue siendo tan guapo, tan mi niño que hay días que me doy hasta vergüenza, como cuando es él quien me rodea con su brazo mis hombros y caminanos abrazados, como si fuéramos novietes. En breve tendré que alzar la cabeza para encontrarme con sus ojos y él me mirará con esa altivez de los poderosos, de los que mandan. Sólo espero que no quiera mandarme y siga respetando mi poder de madre, aunque muchas veces juegue al despiste haciéndose el gracioso, con esa risa que contagia. 

Se ha terminado la niñez. Una etapa donde no sé bien bien qué recordar. De la que no sé si odiar o dejar salir pena, porque crecer es casi como un alejarse de mi pieza TEA. Como un no volveremos a saltar en la cama elástica, no vovleremos a jugar al escondite, un ya no podré enseñarte a ir en bici, ya puedo guardar para siempre su patinete porque le ha quedado pequeño y uno eléctrico no lo sabría utilizar.

Han pasado los años volando. He danzado como he podido con el autismo, con lo que conlleva... Rigideces, chiliidos, berrinches, eternas noches peleando para que volviera el sueño.... Lo habitual que siempre he contado. Sin embargo, en esta nueva etapa no sé hacia dónde iremos. ¿Dónde está el techo de mi pieza TEA? ¿Será capaz de realizar algún trabajo por estúpido que sea? O, como dije en una ocasión, ¿se difuminará definitivamente de la sociedad?

Me gustaría no pensar en ello, como cuando mi pieza TEA era pequeño y esquivaba los pensamientos del futuro. Que era fácil, porque era pequeño y estaba aprendiendo. Había demasiadas cosas que superar, y las que no podía superar las dejábamos para más adelante. 

Sin embargo ahora parece que quedan menos retos que conseguir, o mejor dicho, sigue habiendo retos, pero no tengo esa confianza ciega en que los va a conseguir. Quizás porque ya no dependen tanto de él sino de mi esfuerzo por seguir enseñándole y porque a la larga dependeremos de lo que las administraciones hayan avanzado.

Hay días que me obsesiona saber qué lugar ocupará mi pieza TEA en el futuro. Si a la larga tendrá que permanecer en un centro o si conseguiremos que viva en un piso tutelado. O sencillamente seguirá a mi lado hasta que yo ya no pueda estar más con él. 

Días de divagar, de pensar en un futuro lejano, a pesar de estar construyendo un futuro cercano con ilusión. Quizás hacía demasiado tiempo que no pensaba con seriedad, impulsada por los giros de nuestras vidas, intentando no derrapar en las curvas cerradas y acelerando cuando vislumbrábamos largas rectas. Ha habido días que la sinuosidad del camino ha sido bello, porque girar a izquierda o derecha no necesitaba de demasiado esfuerzo, pero otras veces se unían curvas con cuesta y ahí, ahí, la cosa se nos complicó. Por suerte siempre hay remolcadores dispuestos a echar un cable y sacar su fuerza para que podamos superar ese tramo. 

Entonces, ¿por qué no confiar en que seguirán apareciendo remolcadores en el camino? ¿por qué no creer que al final saldremos medio airosos del futuro lejano? ¿por qué no?





lunes, 13 de enero de 2025

2025, A POR TI

A veces cuesta empezar. Empezar a arreglar la casa, empezar un libro, empezar a cocinar... Empezar es no procrastinar. Así de claro. 

Ahora me cuesta empezar a escribir. Quizás porque no hay nada que de ir, quizás porque hay mucho que contar pero no siento la necesidad.

Pero aquí estamos, con un 2025 ya arrancado, con unos recuerdos de Navidad que parecen querer irse más rápido de lo que querría. Pero el tiempo es así, nuestras vidas van tan rápido que es imposible pararse a recolectar los recuerdos y dejarlos a buen recaudo. 

Lo único que me queda de estas fiestas es ver a mi pieza TEA contento. Este año sin muchos aspavientos abriendo regalos. Pero es normal, va creciendo, y los regalos empiezan a ser regalos con utilidad, es decir, ropa, calzados, dinero para ropa de verano... Sin embargo todavía lo he podido ver sonreír al descubrir lo que había debajo de un papel de regalo bien navideño. Una calculadora. Y no una cualquiera, no. Una casio como la su maestra del cole a la que cada día se la roba e incluso la trae con cara inocente a casa. Un regalo simple pero que cubrió con creces esa necesidad de madre de ver ilusión en sus ojos.

Hubo comidas, hubo cenas y hubo paseos. Un paseo por las luces de Navidad de la ciudad. Mano a mano. Paseamos, nos subimos en el tiovivo, andamos, nos hicimos fotos y para rematar nos fuimos a merendar. Una cosa tan trivial, tan normal como un paseo con mi hijo, fue el regalo que me hizo mi pieza TEA. Él, feliz con su sonrisa eterna, yo, con esa ilusión de hacerle vivir la Navidad como lo hacía superabuelaTEA con nosotros. No me aburre estar con mi pieza TEA, aunque diga poco, aunque no se emocione por ver mil luces de colores, ni se sorprenda al ver un árbol de más de tres metros de alto. Lo he dicho muchas veces, compartir paseos, sin prestar atención a miradas, sin esforzarnos por ser como todo el mundo, sin necesidad de mucho más que nuestras manos cogidas... Todo eso me da paz. Somos él y yo, los demás, pues casi que da igual la verdad. Reír juntos, abrazarnos mientras el semáforo no se pone verde, negociar cuánto debemos andar, aceptar lo pesada que es mamá con sus fotos y quedarse quieto donde yo le digo mientras repite:"foto la mama". 

Es la sencillez dentro de todo lo complicado de nuestras vidas, es disfrutar de lo simple, dejando de lado lo que podría ser y no es. Es lo que es y ya está. Sacarle la parte positiva, buscar lo bonito de vivir esta aventura llena de tropiezos que, como podemos, superamos cogidos siempre de la mano.

Siempre lo digo, no estamos solos, nos acompañan geniales guardaespaldas siempre dispuestos a echarnos una mano. Ya sabéis, la familia. Que si uno le corta la carne, que si otro está atento y lo vigila, que si otro le hace compañía en la escalera de superabuelosTEA mientras no se apaga la luz automática, que si sus tíos le guardan un platito de arroz o macarrones, que si la yaya le hace buena comida, que si l'avi le deja su ordenador... Todos parece que nos barran el camino para no encontrar piedras con las que tropezar.

Es un bálsamo para mí saber que puedo contar con tantísimas personas a nuestro alrededor. Es un alivio ser consciente que todos quieren a mi pieza TEA, que quieren su bienestar, su tranquilidad y su sonrisa.

Así que no puedo pedir nada más para empezar el año. Mi hijo feliz, yo bien y los dos arropados como príncipes del reino.

lunes, 30 de diciembre de 2024

ADIÓS PARA SIEMPRE 2024

Un nuevo año que termina, que se despide para siempre de mi vida, que me ha traído alegrías, cambios y también lágrimas. Lágrimas de todo tipo, la verdad. No solo lágrimas negativas, rojas de dolor, no, también lágrimas de felicidad, lágrimas de consuelo, de liberar todo lo oscuro que había dentro de mí.

Un año plagado de silencio voluntario. De querer sólo ver lo bonito que ha sucedido durante estos 12 meses. Porque a lo malo no vale la pena darle voz. Y al final, lo pasado, pasado está. 

Mi pieza TEA terminó en su cole de siempre, empezó en un cole nuevo, de educación especial, porque mi corazón me decía siempre que ahí tenía que ir cuando acabara primaria. Con toda la pena de mi corazón previamente, con toda la alegría de mi ser ahora, que ya ha pasado su primer trimestre y lo veo feliz como una perdiz, como es él. Con su eterna sonrisa, con sus bromas absurdas y sus bucles continuos. Satisfecha del cambio, aun habiendo perdido para siempre ese contacto cotidiano con su lado más social. Donde se va desdibujando de la mente de los que fueron sus compañeros durante años. Mi pieza TEA sin olvidar a muchos de ellos, nombrándolos de vez en cuando y pidiéndome ver las fotos de la graduación.

Queda todo ya muy lejos, y sólo han pasado seis meses. Esa emoción de escuchar gritos de "ARNAU ARNAU", de aplausos que no se acaban y abrazos que se pelean entre ellos para ser los primeros. 

Sin embargo, durante estos primeros meses en el cole nuevo, me he dado cuenta de algo importante y es que se relaciona con sus compañeros. Los nombra, los mira, los abraza y... algún que otro mordisco se lleva. Pero es feliz. Sé que se ha ganado ya a muchos de sus profes. Y es que mi pieza TEA es un personaje tan genuino, tan bonachón que es difícil que caiga mal (amor de madre quizás, certezas seguramente). 

En cuanto a mí, mi primer cuento publicado. Sobre mi pieza TEA, ya lo sabéis. He podido hacer cuentacuentos con talleres y han sido las mejores experiencias de este año. He podido comprobar que todo el mundo entiende el mensaje, que no tan solo mi pieza TEA tiene cajas por abrir. Explicando el cuento he descubierto que todos tenemos cajas que nos cuestan. Que el mensaje se puede extender más allá de la (dis)capacidad. Me ha gustado escuchar cómo niños y niñas son capaces de verbalizar su caja resistencia. Y cómo más de uno lo plasmaba en el papel, dibujando, pintando... Ha sido maravilloso y ojalá pueda seguir contando este cuento y abriendo mentes. Y si no puede ser, al menos habrá personas a las que habré llegado. 

Me gustaría poder explicar mil cosas como cada fin de año. Rememorar un año repleto de anécdotas de mi pieza TEA, pero no puedo. He abandonado un poco mi espacio para los micropost y he dejado pasar buenas historias con mi pieza TEA. Centrada en mí, en mi camino particular, en editar mi propia película, olvidándome de grabar la película de Arnau.

Volveré a apretar el botón REC, a dirigir mi objetivo a grabar para siempre las pequeñas grandes historias de mi pieza TEA, porque mi película ha llegado al final de la primera parte y todavía no sé ni cómo será la segunda. En cambio mi pieza TEA tiene un largometraje que seguir protagonizando, y como él no puede contarlo, yo debo ser su voz, su narrador particular, que todo lo ve, pero no tiene ni la más remota idea de la que siente el protagonista. Así que es una peli de acción, de hechos y no palabras, que éstas, estoy segura, mi pieza TEA cree que se las lleva el viento, por eso mejor guardarlas.

Sólo deseo un 2025 de camino llano, de bosques frondosos y verdes salpicados de mil colores de pequeñas flores, y que si hay piedras en el camino, éstas sean tan insignificantes que saltito a saltito las podamos sortear. Como siempre, andaremos pa'lante, siempre pa'lante, y como siempre, lo haremos cogidos de la mano. 

FELIZ AÑO 2025




martes, 19 de noviembre de 2024

ME ACUERDO DE...

Me acuerdo de la primera vez que vi a mi hijo. Cómo parecía que me besaba con su boca hambrienta. Tenía hambre, tónica habitual desde aquel mismo día. Me acuerdo de su primer biberón. Cómo tragaba como si no hubiera mañana. Llevaba dos días sin comer, a pesar de intentar en vano que se agarrara a un pecho seco de leche. 

Recuerdo aquella noche en el hospital que dormía sobre su padre y casi se cae el bebé. Estábamos tan agotados que nos dejamos llevar por un merecido sueño. 

Y recuerdo aquella tarde en el Corteinglés. Su padre y yo. Yo todavía con los puntos de la cesárea y cómo tenía que parar si reía o me entraba tos porque los puntos me dolían.

Me acuerdo de esa alegría desmesurada de su padre y mía por aquel bebé que nos había cambiado la vida. Me acuerdo de cantarle siempre "Había una vez...", pero yo decía Arnauito y no circo. Me acuerdo de esas conversaciones de pedos matutinos entre padre e hijo, contestándose mútuamente a base de pedetes. 

Pero no me acuerdo de muchas vivenciascon mi hijo, como si muchos días de los doce años que llevamos convividos no existieran. Miro fotos y no recuerdo esos días de bebé. No recuerdo cómo pasó de bebé a niño. Sólo me viene flashes, pero ya no me acuerdo.

Me acuerdo de la felicidad de su primer cumpleaños. De toda una familia feliz. Grande. Llena de niños y niñas. De tíos y tías. De abuelos y abuelas. Y me acuerdo de pensar que teníamos una gran familia.

Me acuerdo de esa foto familiar cuando mi suegro cumplió sesenta años. Yo embarazada, pero poco. Toda esa familia unida, feliz. 

Me acuerdo de lo que le costaba dormir, de esas noches interminables cuando a media noche se despertaba y costaba Dios y ayuda que volviera a dormirse.

Me acuerdo de una foto de mi hijo bebé con mi mejor amiga y su hija. Una foto preciosa que se perdió para siempre. 

Me acuerdo de cómo le di la noticia de mi embarazo a mi hermano. Una llamada pidiéndole que mirara el whatsapp. Ahí le esperaba el resultado de una prueba de embarazo. Me acuerdo de la alegría que sentía por saber que, por fin, sería madre. Y también me acuerdo de cómo dió la noticia el padre de la criatura: "La Mon está preñada". Lo dijo tan así que nadie le creyó.

Sin embargo no recuerdo momentos memorables de los tres. No me acuerdo de muchas cosas compartidas. Quizás porque hubo tan pocas en realidad...

Me acuerdo de las vacaciones con los delfines. Fue un primer verano genial y un segundo verano que, ahora, visto en la distancia, no fue tan idílico.

En realidad creo que no me quiero acordar de un pasado que empezó siendo bonito. Que se fue enrareciendo al cabo de los años. No quiero acordarme de un pasado reciente que duele ni de un pasado muy muy cercano que destruyó para siempre lo que creía que estaba construyendo sólidamente.

Gracias a las fotos revivo y me acuerdo de pequeñas cosas de la infancia de mi hijo. Y es triste porque seguro qeu hay anécdotas preciosas que contar y sólo puedo revivir algo en función de lo que me cuentan esa infinidad de fotos. 

Suerte que hace casi diez años que escribo sobre mi hijo, mi pieza TEA. Sólo espero que él sí se acuerde de todas las cosas bonitas que, seguro, hemos vivido juntos. Que se acuerde de mí, de su madre, que no se paró a guardar en la memoria cada día compartido, cada gesto, cada risa, cada paseo juntos. 

Porque la vida va tan rápido que no nos da tiempo a parar para degustar cada momento. 



martes, 12 de noviembre de 2024

DORMIR A PIERNA SUELTA

Una vez más, las hojas caen de los árboles. Una vez más empiezan a aparecer esas camas de hojas secas, de colores ocres y marrones, y alguna verde hay que se ha escapado de ese árbol que no quiere liberarse jamás de sus raíces y lo ha hecho porque ya no siente suyas esas raíces que la alimentan para seguir viva. No quiere ese lugar, siente que no pertenece ahí, en la entrada de un pequeño pueblo de interior, o quizás de un parque lleno de ese bullicio infantil que lo tiñe de vida a ciertas horas del día o se aburre en el silencio de los días de lluvia. Una hoja verde que, sin venir a cuento, se siente desarraigada de donde le ha tocado brotar y respirar. Quizás es débil, sencillamente eso, y cualquier brizna de brisa la ha hecho caer, dejándose llevar por el remolino de las pisadas, del rebufo de los coches que le pasan de cerca, esperando cambiar ese verde frondoso por el marrón del resto de hojas marchitas que han corrido su misma suerte. Pero también podría ser que el árbol padre lo echara lentamente, dejándola sin su savia, desnutriéndola día tras día, maltratándola en silencio, a ojos ajenos de tal salvajada. 

Sinceramente, prefiero pensar que ha decidido vivir su propia vida, que no ha escapado, sino sencillamente se ha ido. Y prefiero pensar que el recuerdo de árbol padre es un recuerdo limpio, de aquellos que engrandecen el corazón cuando llaman a la puerta de la memoria. Alegre y vivo, sentido, porque él la hizo nacer, porque él, con sus profundas raíces bien arraigadas, la ha alimentado y la ha hecho crecer. Quizás sea de esas hojas que esconden pequeñas esporas que soltará para echar sus propias raíces y hacer nacer sus propias hojas.

Es otoño. Una vez más. Recta final de un año tremendamente convulso que me hace sentir como esa hoja verde. Pero no soy hoja solitaria, me arropa mi querida hoja TEA, tan feliz tan sonriente siempre. Brinca y brinca aprovechando la brisa que le viene por todos lados. El soplo de aire fresco y renovado del cole, el vendaval tan genuino de superabuelosTEA, ese viento tebio de quienes nos rodean y ese danzar los dos diario que ha traído nuevas rutinas.

Porque en eso no ha cambiado. Mi pieza TEA crea rutinas de la nada. De una casualidad, de un momento de debilidad ante sus demandas, de sus rigidices... De donde procedan, al final, no importa. Lo importante es que esas rutinas no entorpezcan ese brincar jovial que le caracteriza.

Y una de las nuevas rutinas es dormirse conmigo. Hace años, quizás no hace tantos como me parece a mi, cada noche, después de unos cuantos rituales con su padre, me tocaba una larga hora a su lado para que por fin llegara el sueño. Con sus cantinelas, con sus juegos locos de números y letras, con mi deseo ferviente de que parara, se relajara y cerrara los ojos de una santa vez. Años en los que me sentía agotada, cansada de que mi día terminara media hora antes de irme a dormir. No tener ese rato de calma para mí era matador. Sin embargo, he echado mucho de menos esos tiempos. Porque era nuestro momento, cuando la conexión con mi pieza TEA era tan brutal como lo es en los días de playa. Hablando los dos sin, en realidad, decirnos nada. Da igual, hablábamos y reíamos, abrazados los dos, porque aún era pequeño y cabíamos los dos bastante bien en su cama infantil. 

Esas noches terminaron cuando la medicación entró en nuestras vidas. A partir de ese momento, había días que él mismo se iba a la cama y se dormía sin darnos tiempo a desearle buenas noches y otras que, obediente, lo acompañábamos a su habitación, lo arropábamos, nos dábamos los besos de rigor y cerrábamos la luz sabiendo que hasta la mañana siguiente no sabríamos nada más de él. 

Los cambios en nuestra vida nos han convertido en familia de dos. Los primeros meses la rutina de irse a dormir siguió siendo la misma, acompañarlo, arroparlo, besarlo y ese eterno: "bona nit. T'estimo, te quiero ailooo... " y esperar a que esa voz todavía infantil diga: "I LOVE YOU". Como siempre, como debía ser con la edad que tiene mi pieza TEA. 

Un día, mi pieza TEA me hizo una petición mientras me cogía de la mano: " a dormir la mama". Sus deseos fueron órdenes. Nos metimos los dos en la cama, hablamos nuestras cosas repetitivas y pronto se dio la vuelta dándome la espalda y se quedó dormido. Desde aquel día, ha habido muchísimas peticiones, como si necesitara la seguridad de tenerme a su lado para dormirse en paz, tranquilo, sabiendo que estoy ahí, que seguiré ahí para cuidarle y arroparle, ya no tan sólo en la cama, sino en la vida.

Pero ha dado un paso más. Como si él quisiera devolverme ese cuidado, se duerme en mi cama, siempre con la petición de "a dormir la mama". Y no se da la vuelta para dormirse. Se arrebuja a mi cuerpo, busca mis pies fríos con sus pies calentitos y parece que quiera que entre en calor. Busca mi mano para entrelazarla con la suya y mientras nos miramos y nos decimos nuestras cosas, que son ni más ni menos que sus bucles infinitos y cansinos, va apareciendo el dulzor de la mirada que se va perdiendo, va oyéndose una respiración pausada, tranquila. Y paz, muchísima paz. La que él me da quedándose a mi lado toda la noche y la que le doy a él sabiendo que me tiene a su lado. 

Todo muy idílico, pero es lo que me imagino, lo que me gustaría que fuera. Pero sé que si viene a mi cama y no se queda en la suya es porque esa le va quedando pequeña y cuando uno duerme a pierna suelta que mejor que hacerlo en una cama amplia y con el aroma familiar de mami. ¡Qué más da! Sentirlo cerca de mí, a mi lado, me regala el sentirme en paz conmigo y querer hacer las paces con la vida, esa empeñada en no ponérmelo fácil. 




martes, 22 de octubre de 2024

NUEVOS CAMINOS

Ha pasado más de un mes desde que mi pieza TEA empezó su nueva aventura. Cole nuevo, lejos de los que siempre estuvieron a su lado. Alejado, ahora sí, de la vida normal de todo adolescente. En un colegio de Educación Especial. Tan diferente de todo lo que conocía, tan distinto de las rutinas que tenía. Nueva gente, nueva manera de hacer, nuevo lugar... Yo tenía miedo, miedo a que mi pieza TEA no entendiera este nuevo cambio en su vida. Sin embargo, ahí está. Feliz cada mañana para coger el autobús. Contento, con su mejor sonrisa puesta, se sube y ya sabe dónde debe sentarse, y que debe abrocharse el cinturón. Eso sí, sólo se sube si son las 8:28 o las 8:30, sino, hay que esperarse. Los papás que acompañan a sus hijos ya lo conocen y lo saben. Les hace muchísima gracia que sea tan exacto, ni un segundo más ni un segundo menos. A mí me desespera un poco, aunque en el fondo es algo tan suyo que es lo normal. 

Después está ahí en su cole nuevo, con otros cuatro niños. Están en petit comité. Y eso sé que es bueno. Sé que hacen cosas muy distintas a lo que ahora hacen sus excompañeros, pero sé que es lo que a mi pieza TEA le conviene. Y por ello soy feliz. Porque él es feliz, porque ríe todo el día, porque habla un poquito más. Pequeños detalles que me ensanchan por dentro, que me hacen quererlo todavía más de lo que ya lo quiero. 

Mi querida pieza TEA, que ya no es un niño. Que es grandullón y por la calle me coge como si fuera mi novio porque ya es más alto que yo. Mi querida pieza TEA que tanto bien me hace, que sin ella no habría muchas más razones para seguir andando, para no desistir en encontrar mi propio camino, que no hace mucho perdí. Quizás es que equivoqué la ruta, quizás tomé un desvío erróneo. No lo sé. 

Mi pieza TEA, camina con paso firme y alegre por la vida, por su vida. Ha aceptado todos los cambios que ha habido estos últimos meses, sin perder su sonrisa, sin manifestar enfado. Quizás porque es ajeno a una realidad oscura de la que me gustaría no ser partícipe, a pesar de no ser responsable. 

Es un nuevo inicio para los dos, ya lo dije. Mi pieza TEA me ha adelantado y ya ha salido del punto de partida, yo, mientras, voy un poco a remolque, a verlas venir, sabiendo qué quiero, teniendo un objetivo claro. Pero los pasos son lentos, muy lentos. Tan lentos que me agoto yo misma de intentar acelerarlos. Hay días que la imapciencia me puede y quisiera cerrar los ojos y volverlos a abrir viendo ante mí mi propio futuro, mi propia vida, creada por mí, para mi pieza TEA y para mí. Que el proceso hasta llegar al objetivo sólo lo tuviera que vivir de pasada, sin sus estragos, sin sus subidas ni sus desaceleraciones. O vivir el proceso como lo hace mi pieza TEA, viviendo según van pasando los días, disfrutando de esa flor que aparece de la nada, refrescarme durante un trecho sombrío, caminar con paso firme cuesta arriba, dejándome llevar por mis pies, sin pensar en posibles piedras en el camino. 

Me da pereza nuestro futuro incierto, aun sabiendo que saldremos victoriosos, que lo lograremos. Y me da pereza porque quiero que el tiempo corra, cabalgue como un caballo desbocado, y no es así. El tiempo ahora va a paso de tortuga, como hubiera querido cuando mi pieza TEA era pequeño, que hubiera dado lo que fuera para detener el tiempo y degustar su niñez mucho más de lo que lo hice.

Así que tocará amoldarme a ese ir deambulando, mientras los días transcurren a veces ociosos, a veces activos. En la gandulería de los días que no quieren avanzar como lo hacían antes. Sin dejarme avasallar por las prisas de querer a toda costa lograr mi objetivo. Porque como decían por ahí, las prisas no son buenas. Paso a paso, como una hormiguita que sabe que sus pasos en realidad son pasos de gigante.

Hoy me siento feliz por mi pieza TEA. Por verlo tan decidido caminando pa'lante, pero también me siento un poco decepcionada por no acabar de creerme mi siempre alabado pa'lante, siempre pa'lante. Y sé que debo confiar, porque estoy convencido que todo pasa por algo y que ese algo, seguro, será bueno. 







jueves, 17 de octubre de 2024

PER MOLTS ANYS XIXU

Nació de casualidad, cuando nadie lo esperaba y lo hizo con fuerza. Venía para hacer crecer a nuestra familia, para acompañar en un futuro a dos criaturas más que venían en camino y que formarían el trío de primos más peculiar nunca visto.

Nadie sabía, sin embargo, que ese chaval rubio y bonitos ojos marrones, tendría el camino un poquito más difícil que los demás. Y es que Enric (Chichu en confianza) tenía que lidiar con dos grandes: uno sus hermanas mayores y el otro su padre. 

Y es que en realidad Chichu me recuerda a mí. Tiene un padre vendaval como yo tengo una madre vendaval. Los dos hemos crecido queriendo, deseando ser un poco como ellos, sin darnos cuenta que cada uno es como es, que aceptar yo soy así o asá es lo mejor que nos puede ocurrir, para validarnos a nosotros mismos sin la necesidad de esperar aplausos de los demás. Con Chichu siempre he pensado lo mismo, que tenía de pequeño esa necesidad imperiosa de destacar, para contentar a su padre, que a pesar de quererlo con locura, le sacaba de quicio los arrebatos llorosos del pequeño mocosete, o el no ser tan avispado como otros niños. 

Pero ahora ese niño rubio de bonitos ojos marrones, ha crecido. Ha luchado y trabajado como nadie para demostrar a todo el mundo que puede y ahora toca creérselo, que la confianza ciega en el camino que ha elegido le dé alas para volar alto.

Chichu hoy cumple años. Adulto ya. Como en otras ocasiones, él también merece un pequeño homenaje en este espacio. Porque forma parte de mis 17, porque sin él no podríamos hablar de los tres primos, el rubio, el moreno y el del pelo rizado. Sin él, no podríamos celebrar conquistas, victorias futboleras, no habría momentos de risa por ocurrencias que, quizás no se nos hubieran ocurrido. Porque todos en esta familia aportamos algo. Y eso es lo importante. 

Chichu es de corazón grande y noble. Lo sé. Lo tengo muy muy claro. Es bueno por naturaleza, pero no encontraba su lugar entre dos hermanas un poco vendaval también. Hace años hablé de ellas, Maria y Martina. Pura ocurrencia, pura facilidad para hablar, amistades por todos lados, buenas bailarinas y una mejor cantante que la otra... Chichu, como yo, con poca facilidad de palabras, con amigos del fútbol, bailarín creo que no (porque no lo he visto nunca bailar) y cantar... mejor que no. Pero da igual. Chichu tiene otras cosas. Y quien quiere las descubre y quien no, como pasa con mi pieza TEA, pierde la oportunidad de conocer una gran persona.

Y Chichu, desde que nació mi pieza TEA se tomó como un encargo personal, con sus otros dos primos, el vigilarlo. Estar pendiente de mi pieza TEA, avisarme si ocurría algo que no debía ocurrir. Ha aceptado a mi pieza TEA como uno más, tal y como sus padres le inculcaron. Y ahora que ya es más mayor, más responsable, es él mismo quien se ofrece a estar un rato en la piscina con mi pieza TEA, para que yo pueda descansar un poco del trajín que llevo siempre con ella. Siempre cuidando de su bienestar, si se tiene que subir a un tobogán y perseguirlo lo hace, si se tiene que estar en remojo en la piscina, lo hace. Y eso, eso vale lo indecible. 

Así que Chichu merece estar en este rincón, hacerle protagonista de la historia de mi pieza TEA, mientras él va construyendo su propia historia.

Perquè Chichu, no t'ho he dit mai, però la manera en com m'ajudes amb l'Arnau em fa molt més fàcil tot plegat. Sé que per tu de vegades és un conyàs, però entens que és el que toca i m'agrada molt veure't pendent d'ell, d'entendre'l i esforçar-te per a que et faci cas. Mil gràcies de tot cor. 

Ets un supercampió, i segur que trobaràs el teu camí, construint un futur bonic. Perquè t'ho has de creure, ets genial, amb les teves coses, com tothom, però creu-me, sigues sempre tu mateix. I ara disfruta com mai de la teva nova aventura estudiantil, perquè Sé que has trobat el que t'agrada i triomfaràs!

T'estimo moltíssim rubiales!



lunes, 23 de septiembre de 2024

GUIÑOS DE LA VIDA

La vida son guiños. Cada vez lo tengo más claro. Y como guiños que son, son fugaces, instantáneos. Se necesita estar atento para verlos y saber apreciarlos. Abierto a descubrirlos, como un tesoro que no debe ser olvidado, que debe ser explicado y valorado.

Es como un abrir y cerrar de ojos. Casi inconscientes. Pero están ahí, pasan cada día. Uno, dos, diez... quizás no nos damos cuenta pero en 24 horas pueden aparecer tantos guiños que es por ello que debemos sí o sí abrir bien los ojos y despejar todos nuestros sentidos para encontrarlos escondidos dentro de la selva del día a día. 

Cada guiño es un soplo de aire fresco que nos empuja a dar un paso más, a hallar en nosotros mismos esa fuerza necesaria para seguir adelante... una sonrisa inesperada, una planta floreciendo, una nube blanca,  blanquísima, o un atardecer rosado, casi morado. El olor de la cena preparándose, los sonidos cotidianos de cacharros que se mueven, cubiertos que se ponen en el lavavajillas, platos que se ponen en la mesa, agua que cae alegre de la botella al vaso... no son ruidos, es el sonido de la cotidianidad del día a día, de lo que es seguro, de lo que no debe fallar. Y ese sonido, ese conjunto de pequeños ruidos que se mueven en armonía, es un guiño que valorar. 

Y este mes de setiembre, donde mi pieza TEA iniciaba una nueva etapa, era momento de estar atenta a todas estas pizcas de vida, de agradecerlas y saborearlas. El miedo a este nuevo inicio, lejos de todo lo ya conocido, duró lo que tardó mi pieza TEA en subir feliz al autobús que la llevaría a partir de ahora a nuevas aventuras. Decidida, se subió y se sentó donde le indicaron. Conoció a su nuevo amigo de viaje, que en dos minutos ya se sabía su nombre. En segundos vi alejarse ese autobús, tranquila, porque en redes me guiñaron el ojo y me tranquilizaron diciendo que iba supercontento (al parecer tengo espías sin contrato).

El siguiente guiño llegó a la vuelta del cole, cuando mi pieza TEA al verme bajada del autobús me animó a subir para seguir con esa excursión. Convencida que subiría y seguiríamos de ruta. Pero no era posible, así que se bajó y con esa eterna sonrisa suya y gritos de felicidad absoluta, nos encaminamos al coche. Y siguieron los guiños, porque me dijo lo que comió, sin inventar, sin mentir.

Y han ido pasando los días. Dos semanas ya de esta nueva aventura que va a durar varios años. Mi pieza TEA es feliz. Está a gusto en el cole nuevo. Hay días, que no he acabado yo de vestirme y aparece con la mochila colgada, sus pictos de carreteras en las manos y últimamente su tambor cantarín. Parece que tenga prisa por subirse al autobús, que necesite un poco huir de mí y de nuestra casa, buscar aires nuevos, y disfrutar de sus propios guiños. 

Me siento en paz. También feliz, ¿por qué no? ¿Por qué hay motas de polvo que de vez en cuando salpican mis ojos? sí, pero por descontado una vez las quito, puedo ver, puedo sentir la vida. A través de mi, a través de mi pieza TEA, que sigue avanzando por su sendero, sin prisas, cantando y sonriendo. 

A pesar de los pesares, a pesar de cierta nostalgia de esas mañanas dejándola en la puerta del cole, saludando a sus profes, escuchando anécdotas del día a día. Sé que mi pieza TEA ha encontrado un buen lugar, que estará cuidada y será querida, si no lo es ya. Que su esencia divertida y bonachona será el guiño que todas las personas que la están conociendo les haga sonreír cada mañana, cada tarde al salir. 

Mientras, yo seguiré observando y descubriendo mis propios guiños, los que me hacen querer seguir pa'lante, los que me dan vida. Los guiños de mi vida.