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jueves, 16 de julio de 2026

ANÉCDOTAS

La vida tiene esas cosas extrañas que sorprenden sin avisar. La vida es jodida muchas veces, quizás las que más. Sin embargo, tiene esos puntos memorables que la hacen más bonita que fea, más querida que odiada, más dulce que amarga.
Siempre lo he dicho, son aquellas pequeñas grandes cosas las que debemos hacer brillar. Por ínfimas que sean, por absurdas que parezcan. Porque, al final, aquel granito diminuto de arena, también construye.
Es como, cuando siendo niños, jugamos a hacer montañas con arena y agua. Con suma paciencia, dejamos caer lentamente la arena mojada por nuestros dedos, creando una Sagrada Familia en medio de la playa. Queremos una torre puntiaguda, que señale al cielo... Y es ese granito de arena, bien caído, el que culmina esa obra de arte infantil. 
Últimamente se me olvida mimar estos granitos de arena. Mi pieza TEA sigue regalándome toneladas de granitos de arena. En plena vorágine de la adolescencia, hay días que solo veo lo que agrieta esa torre hermosa. Solo tengo en cuenta los gritos a media noche, los despertares diarios a las cuatro de la madrugada, los robos silenciosos de comida o la tozudez para hacer caso. 
Todo eso que me exaspera y que hace que mi vida sea cansina.
He olvidado contar esas pequeñas grandes cosas. Como si la desaparición de la niñez se las hubiera llevado. Como si ya no tuviera nada que celebrar. Y, sin embargo, siempre hay cosas bonitas a las que hay que dar valor.
Actos de la vida cotidiana. Ese saber comportarse cuando toca. Esa picardía de bajar el volumen del ordenador para no levantar sospechas, para no despertar a nadie. O no tener que decirle: "Baixa volum!" cuando vamos a comer fuera. Él lo sabe y él anticipa. Esas mini frases con verbo incluido, aquel que no era capaz de encontrarle sentido y, por tanto, eludía. O esa paciencia creciente en las visitas médicas...
Todo eso y más sucede en la oscuridad de la adolescencia. Mi pieza TEA crece. Yo crezco con él. Con miedo, pero decididos a plantarle cara a la vida.
Y, en un viaje alucinante con destino incierto, aparecen historias bonitas que no tienen como protagonista a mi pieza TEA, pero sí es el desencadenante. Y como la historia me parece encantadora y digna de formar parte de este rincón, pues la voy a contar.
Conocí a S. en mi trabajo. Ella de prácticas, yo de empleada. 
En verano, siempre llaman a S. para suplir las vacaciones... Después llega el otoño, le sigue el invierno y surge la primavera. Y tal como desaparecen las estaciones S. también lo hace.
Pero el destino quiso que S. conociera a mi pieza TEA en el comedor del cole. Al principio, ella no sabía quién era aquel niño de cara redonda, pelo rizado y sonrisa eterna. Hasta que descubrió que era hijo de esa chica de la guardería que se hacía llamar Mon. El mundo es un pañuelo. Y estás cosas me lo demuestran.
En verano S. contaba con emoción pequeñas anécdotas con Arnau. Yo agradecida por ese cariño genuino hacia mi hijo. 
Los caminos de la vida se bifurcaron entre S. y mi pieza TEA durante un tiempo.
Pero como reza la canción, la fuerza del destino, los hizo volver a coincidir. Esta vez en el nuevo cole de mi pieza TEA. Toda una sorpresa y una suerte para mí y mi chico en su primer año en un cole distinto al de toda su vida.
Puede parecer que aquí termina la anécdota. Que lo que importa es que mi pieza TEA encontró viejos conocidos en un lugar desconocido. no. Lo bonito de todo esto es el día de Sant Jordi. Lo bonito de esto es que S. le hablara de mi pieza TEA. De ese conocerse, de ese reencuentro. Que le contara la evolución de mi chico y que supieran del cuento de "Las cajitas de Arnau" y que su pareja, sin ella pedirlo, se lo regalara en un día tan memorable para mí como es Santa Jordi. 
Eso es lo bonito. Eso es lo que vale la pena. Lo que me emociona. Que mi pieza TEA deje huella. Que todo el mundo tenga un trocito de corazón para él. Se me saltan las lágrimas cuando veo que el camino recorrido vale la pena. Que mi grandullón es querido allá donde va, a pesar de sus rigideces, a pesar de sus gritos de gallina.
Porque al final, sé que lo que queda es esa bondad, esa mirada noble y la sonrisa eterna de felicidad en un mundo que, muchas veces, no lo merece.

lunes, 30 de marzo de 2026

RUMBOS

 El  tiempo pasa en un suspiro. Los días transcurren más rápido de lo que quisiéramos, sin tener un momento para procesar todo lo que va sucediendo. 

Me siento en deuda con este espacio. Mi refugio durante la niñez de mi pieza TEA. Como un viejo diario olvidado. Ahí está. Esperando a volver a ser abierto. A volver a ser rellenado con las aventuras y desventuras de grandullón. 

Ya no puedo llamarlo bitxu petit. Ya no és aquel enano de pelo rizado y sonrisa eterna... Bueno sí, eso no ha cambiado. Sólo el tamaño. Alto y fuerte. Con una cara más angulosa, sin tanta redondez en sus mejillas. 

Es adolescente. Ya no soy yo quien le coge de la mano. Es él el que me abraza por la calle como un oso. Como si fuera un novio corpulento. Sin rudeza, me envuelve en su brazo y caminamos abrazados. Riendo, como siempre, hablando de la nada, porque al fin y al cabo, seguimos sin conversaciones coherentes. 

La vida sigue, sin semáforos en rojo. Siempre verdes. Ni un segundo para frenar. No hace falta. Seguimos el ritmo de la vida. Porque no queda otra. Seguir y seguir. 

Intentando no mirar atrás. Sin regocijarnos más en lo que pudo haber sido y no fue. Olvidando las batallas tan facilonas (vistas las de ahora) que me libraba mi pieza TEA en su niñez.

Las de ahora son más sutiles. O más cansinas, según se vea. Nos enfrentamos a una chico con hormonas revoloteando locas por su cuerpo. Quiere abrazar, sentir cuerpos. No entiende que las connotaciones para quien es abrazado son sexuales. 

Batallamos para que no abrace a quien le hace "tilín" por lo que sea. Trabajamos duro con las abrazadas (son chicas!), para que entienda que no puede ser. Que vale un abrazo como saludo. De unos segundos y ya. 

Ya desde aquí agradezco infinito la comprensión, las ganas de hacer todo esto más llevadero, menos frustrante. Y también aplaudir a mi pieza TEA por aceptarlo. Sin enfados, con paciencia. 

Pero pasan más cosas en nuestra vida azul. El cambio de cole. Por segunda vez en mi vida he tenido que ir más allá. He tenido que quejarme.

Nunca me ha gustado ir en contra del cole. Al contrario. Pienso que es primordial colaborar con la escuela. Siempre lo he hecho y así seguirá siendo. Por el bien de mi pieza TEA. 

Sin embargo estos últimos tiempos, encontré falta de comprensión hacia mi hijo y hacia nuestras circunstancias. No hace falta explicar mucho. Pero sí decir en voz alta que lo único que pido es que se mire a mi hijo desde todas las perspectivas. 

Somo el resultado de muchas cosas. Y la conducta de mi pieza TEA se debe mirar desde varios ángulos. Si un docente es incapaz de mirarlo así, nada funcionará.

En dos años mi pieza TEA y yo hemos cambiado nuestro entorno, nuestro día a día. En definitiva nuestras vidas. Nos hemos tenido que adaptar a viajar él y yo de la mano por la vida. Ayudados por la gente que nos quiere bien (que por suerte sois muchos y sois la bomba... se os quiere mil). Todavía estamos en este proceso. Tuvimos que empezar una nueva vida, en un nuevo entorno y con gente nueva. 

Para mí ha sido más o menos fácil, pero no sé si para mi pieza TEA ha sido igual. Él no sabe expresar lo que siente con lo vivido. Su sonrisa me dice que es feliz y que mientras esté conmigo y con la familia de siempre, ya tiene suficiente. Pero no sé si echa de menos su familia de tres. No sé si en su mente, cree que algún día volverán los días de tres en una casa pareada con gran jardín. 

No lo sé. Entiendo que ya siente como su casa el piso en la ciudad donde vivimos. Que le gusta el entorno, que le gusta su habitación, que le gusta estar los dos mano a mano, riendo, discutiendo, peleando, jugando... Pero ¿Y si no?

No lo sé. 

Solo sé una cosa. Y es que hoy, 30 de marzo, estamos de aniversario. De este espacio. No quiero olvidarlo. Fue mi vida durante muchos años, mi hombro en el que llorar. 

La vida me ha llevado a encontrar otro refugio escritoril, más personal, menos para grandullón. Más "profesional", menos íntimo. Pero Mi pieza TEA es y será siempre el lugar donde volver. 

Hoy, 30 de marzo, después de 11 años aquí seguimos. Silenciosos pero con la firme propuesta de volverlo a hacer grande. 

Una vez más, gracias a quienes estáis, a los que todavía pensáis en mi pieza TEA.




martes, 20 de enero de 2026

NUEVO LUGAR, NUEVA VIDA Y LOS DE SIEMPRE: ÉL Y YO

Me he quedado mirando el grupo de WhatsApp "Quinta 2012". Sé que ya no pintamos nada ni yo ni mi pieza TEA. Han pasado dos años de la bifucación de caminos. Incluso ya no vivimos en el mismo pueblo. 
Los entresijos de la vida nos han llevado a construir un nuevo mundo. Con muchos de los de siempre (mis 17, sí, hay uno menos porque ese uno ni sumaba, ni multiplicaba y solo hacía que dividir). Con gente nueva que vela por mi pieza TEA, que ha querido descubrirlo y quererlo. Y también a mí. Sin casi pretenderlo, nos hemos encontrado con personas que nos arropan día tras día, que han acogido sin reparos la condición particular de mi pieza TEA. Hablo de loa nuevos vecinos, de la nueva panadera, del camarero de aquí o la dependienta de allá. Tan rápido, tan sin pensárselo dos veces.
Es como una nueva temporada, con nuevos escenarios, con nuevos personajes que, como espectadores somos reticentes a quererlos. Echamos de menos a todos los personajes que ya conocemos, de los que sabemos de antemano cómo actuarán. Pero los nuevos... Esos cuesta confiar. Cuesta descubrirlos. Y así estamos. Mejor dicho, estoy. Mi pieza TEA, con ese buenismo y ese desparpajo que le da el no filtro, se ha ganado el corazón de muchos de estos nuevos compañeros de viaje. Porque a él no le importa abrazar si así lo siente. Y, curiosamente, a los abrazados no les importa devolverle ese gesto.
Estamos en un momento dulzón. Sé que mi pieza TEA echa de menos su cole. Después de todo este tiempo sigue nombrando su querido cole. De vez en cuando, nombra algunos de estos chicos y chicas (porque ya no son niños) que forman la quinta del 2012.
Yo echo de menos aquel comentar con otras mamás. Echo de menos ese cuidar tan genuino que tenían los compañeros de mi pieza TEA con él.
Ya no formamos parte de ese mundo. Estamos descubriendo otro mundo, donde mi pieza TEA está realmente con iguales. Y, para mi sorpresa, se relaciona de perlas con ellos. 
Ha aprendido una manera muy suya de socializar. Si quiere conocer a alguien le señala y dice: "Yo". Si el interlocutor es avispado le dirá:"yo, tal. ¿Y tú?". Él contestará:"Arnau". Y ya se conocerán. 
A mi me encanta que lo haga. Eso quiere decir que tiene interés en los demás.
Lo que no me gusta tanto son algunos abrazos que buscan remover hormonas adolescentes. Por suerte, siempre son las mismas personas y ha aprendido que un abrazo y ya.
Es quizás el nuevo reto. Hacerle entender que no siempre se puede abrazar, que no siempre quieren, y, menos, si son desconocidos.
Pero bueno. Allá vamos, con paciencia y tranquilidad. Y, como siempre, de la mano. O como novios, porque mi pieza TEA ahora es un chaval alto y fuerte que me rodea los hombros con su brazo cuando paseamos por la calle.
Quizás tocaría cerrar esta aventura. No lo sé. Pero creo que todavía no. Que aun puedo contar cien batallas.
Ese es el reto. Volver a contar. Volver a patalear si es necesario y celebrar todas las pequeñas grandes gestas. Porque las hay. Porque las habrá.