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lunes, 30 de marzo de 2026

RUMBOS

 El  tiempo pasa en un suspiro. Los días transcurren más rápido de lo que quisiéramos, sin tener un momento para procesar todo lo que va sucediendo. 

Me siento en deuda con este espacio. Mi refugio durante la niñez de mi pieza TEA. Como un viejo diario olvidado. Ahí está. Esperando a volver a ser abierto. A volver a ser rellenado con las aventuras y desventuras de grandullón. 

Ya no puedo llamarlo bitxu petit. Ya no és aquel enano de pelo rizado y sonrisa eterna... Bueno sí, eso no ha cambiado. Sólo el tamaño. Alto y fuerte. Con una cara más angulosa, sin tanta redondez en sus mejillas. 

Es adolescente. Ya no soy yo quien le coge de la mano. Es él el que me abraza por la calle como un oso. Como si fuera un novio corpulento. Sin rudeza, me envuelve en su brazo y caminamos abrazados. Riendo, como siempre, hablando de la nada, porque al fin y al cabo, seguimos sin conversaciones coherentes. 

La vida sigue, sin semáforos en rojo. Siempre verdes. Ni un segundo para frenar. No hace falta. Seguimos el ritmo de la vida. Porque no queda otra. Seguir y seguir. 

Intentando no mirar atrás. Sin regocijarnos más en lo que pudo haber sido y no fue. Olvidando las batallas tan facilonas (vistas las de ahora) que me libraba mi pieza TEA en su niñez.

Las de ahora son más sutiles. O más cansinas, según se vea. Nos enfrentamos a una chico con hormonas revoloteando locas por su cuerpo. Quiere abrazar, sentir cuerpos. No entiende que las connotaciones para quien es abrazado son sexuales. 

Batallamos para que no abrace a quien le hace "tilín" por lo que sea. Trabajamos duro con las abrazadas (son chicas!), para que entienda que no puede ser. Que vale un abrazo como saludo. De unos segundos y ya. 

Ya desde aquí agradezco infinito la comprensión, las ganas de hacer todo esto más llevadero, menos frustrante. Y también aplaudir a mi pieza TEA por aceptarlo. Sin enfados, con paciencia. 

Pero pasan más cosas en nuestra vida azul. El cambio de cole. Por segunda vez en mi vida he tenido que ir más allá. He tenido que quejarme.

Nunca me ha gustado ir en contra del cole. Al contrario. Pienso que es primordial colaborar con la escuela. Siempre lo he hecho y así seguirá siendo. Por el bien de mi pieza TEA. 

Sin embargo estos últimos tiempos, encontré falta de comprensión hacia mi hijo y hacia nuestras circunstancias. No hace falta explicar mucho. Pero sí decir en voz alta que lo único que pido es que se mire a mi hijo desde todas las perspectivas. 

Somo el resultado de muchas cosas. Y la conducta de mi pieza TEA se debe mirar desde varios ángulos. Si un docente es incapaz de mirarlo así, nada funcionará.

En dos años mi pieza TEA y yo hemos cambiado nuestro entorno, nuestro día a día. En definitiva nuestras vidas. Nos hemos tenido que adaptar a viajar él y yo de la mano por la vida. Ayudados por la gente que nos quiere bien (que por suerte sois muchos y sois la bomba... se os quiere mil). Todavía estamos en este proceso. Tuvimos que empezar una nueva vida, en un nuevo entorno y con gente nueva. 

Para mí ha sido más o menos fácil, pero no sé si para mi pieza TEA ha sido igual. Él no sabe expresar lo que siente con lo vivido. Su sonrisa me dice que es feliz y que mientras esté conmigo y con la familia de siempre, ya tiene suficiente. Pero no sé si echa de menos su familia de tres. No sé si en su mente, cree que algún día volverán los días de tres en una casa pareada con gran jardín. 

No lo sé. Entiendo que ya siente como su casa el piso en la ciudad donde vivimos. Que le gusta el entorno, que le gusta su habitación, que le gusta estar los dos mano a mano, riendo, discutiendo, peleando, jugando... Pero ¿Y si no?

No lo sé. 

Solo sé una cosa. Y es que hoy, 30 de marzo, estamos de aniversario. De este espacio. No quiero olvidarlo. Fue mi vida durante muchos años, mi hombro en el que llorar. 

La vida me ha llevado a encontrar otro refugio escritoril, más personal, menos para grandullón. Más "profesional", menos íntimo. Pero Mi pieza TEA es y será siempre el lugar donde volver. 

Hoy, 30 de marzo, después de 11 años aquí seguimos. Silenciosos pero con la firme propuesta de volverlo a hacer grande. 

Una vez más, gracias a quienes estáis, a los que todavía pensáis en mi pieza TEA.




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