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lunes, 18 de octubre de 2021

Y AHORA, ¿QUÉ?


La pendiente cada vez es más abrupta. No quise creérmelo cuando me decían que todo es muy duro, quise vivir en un mundo de rosas medio marchitas, pero rosas al fin y al cabo. 
Y es que es así. Mientras era pequeño, todo parecía fluir, lenta o rápidamente, eso no importaba, el caso era avanzar. 

Y ahora me encuentro en un momento de bajada sin frenos. Mi pieza TEA, inocente y feliz como nadie, ajeno al paso del tiempo, ajeno a la entrada de la prepubertad, ajeno a los rifirafes de sus compañeros. Yo ciega ante el paso del tiempo, sin ver que la inocencia en los demás se va perdiendo, que crecen y los no principios aparecen en ellos. El que quiere ser líder a costa de burlarse y pisotear a los demás, el que lucha por hacerse un hueco, el que empieza a soñar con el amor... No tienen ni diez años, pero ahora es así.
 Mi pieza TEA buscando su felicidad mirando coches pasar por badenes, observando las marcas de los coches, columpiándose alegre en su columpio infantil. No crece. Físicamente sí, pero en su cabecita nada crece más allá de sus simples intereses.

Nos alejamos a pasos agigantados de la sociedad. Me lo advirtieron y no quise verlo. Un miedo atroz se está apoderando de mi. No veo futuro. Ni bueno ni malo. La incertidumbre me mata. Aunque sé que está Más fuera que dentro de esta sociedad elitista.

Me siento triste muchos días pensando en eso. No hay manera de detener el tiempo, no hay manera de apretar un botón mágico para que mi pieza TEA se convierta en uno más. En un pueblo donde los niños pueden ir a la plaza y jugar la futbol, pelearse o jugar a juegos online, mi pieza TEA se queda fuera. 

Me rompe el corazón. Es así. Y debo recomponerme. Y entender que mi pieza TEA sigue su propio camino, el que a ella le hace feliz. Nada tiene que ver con el camino tan transitado del resto del mundo, pero no por eso más Bonito. Toca trabajar con mi mente, construir muros y fortalezas para lo que viene, aceptar que llorar y compadecerse por los rincones es un sinsentido y que hay que seguir acompañando a mi pieza TEA en esta selva. 

Son etapas, lo sé. Pero esta la esperaba más tarde. El viaje por la infancia ha sido duro, sí, pero lleno de logros que parecían imposibles. En este nuevo comienzo, no sé que logros espero, no sé que logros conseguirá. Solo sé que atrás quedan esos días de esperanza y celebraciones por lo conseguido.

Aun así, seguiré celebrando cuando toque, llorando cuando mi cuerpo no pueda más y sobretodo cogiendo de la mano a mi pieza TEA para seguir andando, pa'lante, siempre pa'lante.

martes, 7 de septiembre de 2021

NO HAY SALIDA

Y ese sorbo de vino fue el más amargo que he probado en mi vida. No porque el vino fuera peleón, ni porque el vino se hubiera agriado. No. Ese vino, hacía apenas una semana, coincidimos los dos que era buenísimo, que el aroma que desprendía solo acercando la copa era sublime, que su sabor afrutado y aterciopelado lo hacía delicioso al paladar. Pero en ese momento, dolió. Dolió al dar un sorbo, dolió cuando llené mi boca con todos sus toques, dolió cuando me lo tragué y dolió mientras se deslizaba del esófago hacia el estómago.
Toda mi vida en ruinas, derrumbándose a cada palabra dicha y a cada palabra callada. Ojos que se miran sin querer ver el dolor en el otro. Ojos que se evitan para no sincerarse, ojos que miran de reojo para ver si hay alguna reacción por parte del otro, una pequeña esperanza, una tregua que permita volver atrás y reconducir y reconstruir todo lo que se ha quebrado. 
Labios sellados que han dicho demasiado y ya no saben qué decir para no encontrar una respuesta dura, fría como el hielo, sin miedo a que duelan las palabras soltadas, O quizás porque da igual la herida que produzcan, es lo que sienten, es lo que piensan.
Lágrimas que saturan mejillas y mojan sin control la nariz. Lágrimas que se sueltan libres por fin. A ojos que tienen que verlas. Para que sepan, para que entiendan que el dolor és mutuo que los dos están dolidos, que los dos caminan hacia un pozo sin fondo. Que no tan solo uno lo pasa mal y vive en un sinvivir. Ambos sienten y lloran lo mismo. Ambos ven que nada queda. La diferencia es que uno ya no quiere intentar salir del abismo y el otro quiere pero no sabe cómo. És como estar en un laberinto. Caminas y caminas por largos pasillos, girando a izquierda y derecha para finalmente toparte con un muro verde que no te deja seguir. Desandas lo andado, vuelves al punto de partida, cogiendo una nueva alternativa, así una y otra vez. Hasta que crees que ya has encontrado la salida, la esperanza quiere hacerse realidad, tu mente se ilumina, tu cuerpo hace un último esfuerzo y... Cierras los ojos, caes al suelo y te echas a llorar. No puedes más, no hay salida. Sentada en el suelo te haces un ovillo y dejas de pensar.

miércoles, 1 de septiembre de 2021

NORMALIDAD PECULIAR

"Y lo hace cada día!... Ese coche pasa cada día, y no una ni dos veces, hay días que hasta tres! Y al llegar al badén frena y cuando ya baja accelera un poquito y el niño salta y grita dentro del coche y la madre sonríe eufórica. Al principio pensaba que iban perdidos, porque subían la cuesta giraban hacia la escuela y dos minutos más tarde aparecían de bajada. También pensé que rondaba por ahí para planear algún robo... A saber... Hasta que vi al niño y lo reconocí porque es muy peculiar, grandote, alto, com un pelo rizado siempre desordenado, que habla poco y grita mucho, que anda cansado pero puede empezar a correr como un gamo... Menuda paliza la madre, y qué poca autoridad... En fin... A trabajar que los clientes se desesperan".

"Jueves y no han aparecido hoy. Siempre vienen entre semana. Con lo grande que es el niño y su madre no lo suelta casi nunca de la mano. Le dice siempre lo que tiene que hacer. El gel hidroalcohólico, lo ayuda a esparcirlo bien, cada dos por tres le sube la mascarilla por encima de su nariz y el niño con la boca tarda dos sengundos en bajársela. Me hace una gracia! Creo que es una batalla perdida pobre madre. Creo que muchas veces no vienen a comprar, porque siempre se llevan una barra de pan y algo más. Pero antes, no sé por qué, suben a la planta de arriba por la rampa, y creo que no quieren nada. Me dijo Xavier que los ha visto varias veces rodear toda la planta y que el niño se para en todas las salidas de emergencia que encuentra. Incluso una vez, que no tenía tanto trabajo, se paró a observarlos y el niño se mete unos metros en cada pasillo y mira la puerta de emergencia más cercana. Y bajan por la rampa con las manos vacías y aquí en la planta baja, lo mismo. La rodean y se paran en cada puerta de emergencia que hay en el súper. Y me hace una gracia, porque su madre quiere ir a pagar y ale a dar otra Vuelta por arriba y por abajo porque el niño insiste en subir otra vez... De verdad que tienen cada cosa estos críos. Y ahí no se acaba todo. Cuando ya consigue pagar, el niño quiere comer su trozo de pan sentado en los taburetes de la panadería, y su madre, cede, siempre cede aunque vaya refunfuñando... Santa paciencia!".

"Ya están aquí. Cada miércoles vienen a comprar fruta y verdura. ¿Cogerá agua mi amigo Arnau? Siempre quiere una botella de agua fresquita de la nevera, mejor para el negocio. Y total, para un sorbito de nada, y su madre nunca les dice que no. Ya está otra vez quitando las pegatinas de las manzanas... Y su madre cogiendo peras... Ahora lo ha visto! Y le regaña... Pero seguro que por dentro les hace gracia ver cada dedo con una pegatina... Lo pasa per cuando se les escapa corriendo hacia el almacén. Pobre Chica! Ya le digo siempre que no pasa nada y ella siempre excusándole mientras me da las gracias con total sinceridad. Y es que el niño además se enfada si tienen que hacer cola para pagar. Su madre les dice que cuente hasta 50 y ya les tocará. Lo dice en voz alta, para que me sé por aludido, seguro, así que peso y cobro rápido. És una pena que sea autista o eso creo q me dijo su madre... Yo mientras no me desmonte la tienda, no me importa".

"¿Otra vez? En serio que las madres de hoy en día no tienen ninguna autoridad, les dejan hacer lo que les da la gana. Qué manía de entrar y salir por la puerta automática... Se va todo el calor y total para no comprar nada. Se me caería la cara de vergüenza si hiciera esto mi hija... Y la tía solo sabe decirme q lo siente pero es que le encantan las puertas automáticas... Si pudiera les diría cuatro cosas".

Quizás esto es lo que piensa la gente que nos observa a mí y a mi pieza TEA en el día a día. Quizás sean comprensivos y empaticen con todas las peculiaridades de las que son testigos. Quizás no entienden nada aun sabiendo la condición de mi pieza TEA. La verdad es que poco me importa. Cedo a los deseos inofensivos de mi pieza TEA porque la hacen feliz. No entiendo su obsesión por una cadena de supermercados concreta, pero su ilusión es visitarlos todos (evidentemente solo los que nos caen cerca). No me entusiasma bordear el centro en busca de salidas de emergencia, pero ahora es su obsesión y aunque así es difícil hacer alguna compra, también es verdad que una vez ha cumplido con sus exploraciones cede para que compre lo que necesitamos.

Y esas vueltas en coche, ese gasto inútil de carburante... Tampoco me importa mucho. Me agobia más repetir insistentemente según qué itinerarios decide hacer mi pieza TEA, pero lo hago y es una manera de trabajar la expresión, que hable y se esfuerce en hacerse entender. Yo me relajo en el coche y ella disfruta. No hay nada malo.

Ir a la frutería es una aventura de aprendizaje también. Es cierto que tengo que hacer todo más rápido, pero aprovechamos para aprender a comprar, a contar, vocabulario... Así que no me importa pagar cincuenta céntimos por una botella de agua que no se va a beber..  al fin y al cabo es su ilusión, como lo sería un chupachup para un niño cualquiera.

Las puertas automáticas de hecho ya no son su obsesión pero lo fueron durante unos años y nos trajeron bastantes quebraderos de cabeza. Porque había normas para entrar y salir. Porque tenían que estar totalmente cerradas para pasar, porque no podía haber otras personas, porque no se movía si no veía cerrarse la puerta... Historias rocambolescas que a ojos de los demás nos hacían parecer unos tarados.

Però nuestra vida es así. Nuestro equilibrio mental pasa por ceder ante mil rituales, mil rutinas sin sentido, pero que mi pieza TEA y su nervio agradacen. Para evitar gritos enfadados, para pasar a hacer cosas normales después, para divertir a mi pieza TEA, para intentar comprenderla mejor, encontrando intereses ocultos detrás de todas esas rutinas tan repetitivas, pero sobretodo para verla feliz.

Me da igual lo que piensen, lo que digan, las miradas de desaprobación porque al final quien quiere entender, quien quiere saber, lo hará. Yo les explicaré el por qué, con una sonrisa, eso siempre, con total naturalidad, dando un matíz a mi voz como de normalidad. Pero es que lo es, nuestra peculiar normalidad.




lunes, 23 de agosto de 2021

VERANO

Agosto. Finales de agosto. Sin darme cuenta, el verano casi ha terminado. Sin casi poder degustarlo, ahí está casi despidiéndose ya. Con la mano alzada, con ojos jocosos que me explican que ya empieza a ser tarde para hacer planes de verano, para ir aquí O allí, para ir a cenar, para reunirse con mi gente, para pisar la arena húmeda de la orilla, para dejarnos llevar por olas minsas, o sentir el golpetazo fresco de olas grandes, alegres y locas que no dan tregua entre una y otra. 

Un verano más a nuestras espaldas. Y me paro a pensar el verano de mi pieza TEA y pienso que ha sido algo aburrido. No ha habido días de vacaciones familiares porque es prácticamente imposible coincidir con superpapáTEA, no ha habido escapadas, ni excursiones, pero es que el calor no ha ayudado... Y miro el móvil y encuentro un exorbitante número que me indica las mil fotos hechas este verano. Y las empiezo a mirar, a veces sin fijarme, otras emocionándome con esos rostros que sonríen a la cámara y justo, en esos momentos son felices, disfrutan del verano.

Y es que en nuestro verano sí hemos hecho cosas, sobretodo mi pieza TEA. Días de casal de verano, donde acudía cada mañana con una alegría inconmensurable. Donde había días que las actividades las disfrutaba y otros días que el disfrute quedaba reducido a la piscina. Horas en las que he visto a mi pieza TEA resignarse a echar unos patosos pasos de baile, horas de risas en psicomotricidad y abrazos sinceros que iba regalando mi pieza TEA a cualquier monitor que los aceptara.

Y sigo pasando fotos y me encuentro a mi pieza TEA feliz como una perdiz al lado de su prima. Cogidos de la mano, haciendo puzzles, bañándose en la piscina o simplemente compartiendo mesa.

Y fotos de encuentros de comidas y cenas con los nuestros. Con esas risas que durante el invierno hemos echado tanto de menos. Degustando el momento, olvidando por unas horas muchos de los problemas del día a día. Sintiéndome orgullosa del comportamiento más pausado, menos nervioso, menos enfadón de mi pieza TEA.

Y nuestra playa. El lugar donde mi pieza TEA es más feliz, más libre. Tardes con superabuela TEA, en el papel de vigilante de la playa, mientras mi pieza TEA y yo nos olvidamos del resto del mundo y nos revolcamos con las olas, donde nos sumergimos y salimos, donde, aunque cueste, la tiro con fuerza para que se hunda. Lugar de risas incontroladas que más de una vez le han hecho tragar agua. Nuestro momento. El lugar donde el presente se hace realmente presente. Allí donde mi hijo és niño, niño en mayúsculas. Prisa por entrar cuanto antes, jugar y jugar con el agua y sus olas, y pequeñas reprimendas por mi parte para que decidia salir, con todos sus dedos arrugados de tanto mar.

Y mañanas que se intenta que sean menos aburridas, con C. que hace de canguro a primera hora de la mañana y con quien mi pieza TEA se siente muy muy a gusto. Después con superabuelos TEA, que le pasean en coche por pueblos cercanos, que sin pensárselo se lo llevan a comer de restaurante, quienes, a pesar de los ratos pesados de mi pieza TEA, lo dan todo por ella, le enseñan a crecer, un pasito pa'lante, siempre avanzando. Mi pieza TEA que les respeta y a su manera intenta portarse bien. 

El encuentro familiar de verano, donde me maravilla cómo todos, sin excepción tienen a mi pieza TEA como uno más, que miran por ella, que la hacen sentir bien y feliz, que sus primos adolescentes no duden en llevársela de la mano a la piscina y después coma con ellos.

Un verano donde cada uno ha aportado su granito de arena para hacer feliz a mi pieza TEA. Porque la conocen, porque la quieren y porque sé que mientras puedan la arroparán como mejor saben.

Un verano sin muchas pretensiones, un verano quizás más plácido que otros, donde mi pieza TEA está demostrando que está creciendo, que nos ha sorprendido a todos con su "calma", con sus pocos enfados, con sus conformismos ante cualquier situación.

Un verano más, que va empezando la cuenta atrás, que se va, però deja muchos momentos, muchas anécdotas y mucho presente vivido.



jueves, 10 de junio de 2021

DISTORSIONES

No es fácil. Para nada. Un futuro incierto, que vamos vislumbrando a medida que caminamos. Arenas movedizas que quieren engullirnos. Una rama en la que agarrarnos. Una mano que de vez en cuando nos estira para no hundirnos. Una luz tènue que nos quiere guiar y animar a seguir. Y la sensación es que avanzamos, con un tremendo esfuerzo, desgastándonos lentamente aunque no queramos acceptarlo. Sonreímos con gusto cuando los pasos son livianos y los logros parecen mayores que las derrotas. Nos lo creemos a pies juntillas y respiramos aliviados porque nada indica que algo va mal. Que todo sigue un curso pacífico, que no hay corrientes traicioneras que, como las arenas movedizas, te harán dar pasos hacia atrás.

Hoy, lo que yo creía que era un lugar seguro, donde el día a día fluía con optimismo, de repente parece que no.

El cole, su cole, su vida. Lugar donde mi pieza TEA se siente como pez en el agua, donde siempre he pensado que avanzaba y que el trabajo que realizaban con ella era increíble, donde sus profes se enorgullecían de lo que iba consiguiendo, se ha convertido de un plumazo en otra cosa.

Hoy un baño hirviendo de realidad. Bofetada va, bofetada viene. Nunca en seis años habían hablado cosas tan negativas de mi pieza TEA. Jamás me había planteado que mi pieza TEA fuera un problema allí. 

Pero hoy, hoy he oído tantas cosas, y tan poco constructivas que ni mi voz era capaz de salir. Sólo tímidas lágrimas que no quería soltar. 

Se hace mayor... No hace lo que hacen los demás, sus canturreos distorsionan las clases, ese levantarse de la silla perturba el buen hacer de una clase. El siempre tirar de ella para que haga, cada vez más lejos de sus compañeros, no tiene sentido que esté con sus compañeros, está haciendo un aprendizaje paralelo en un entorno que perjudica el aprendizaje de los demás. 

Primera vez que se abre la posibilidad de sacarlo del cole y que vaya donde aprenda lo que de verdad necesita... Y una losa, y otra y otra más. M. que ve mi cada vez más evidente caída al abismo, intenta apartar una. Habla en positivo y yo con mis ojos llorosos se lo agradezco.

Sensación de "nos lo queremos quitar de encima". Demasiados recursos para uno solo. Y yo pequeñita, y yo desengañada, y yo que alzo la voz y le digo a quien no ha tenido ningún tacto conmigo que deberían recordar siempre que frente a ellos hay unos padres que sufren, que la vida les ha hecho la gran putada del autismo y que ese dolor no se cura. Empatía. Hay maneras y maneras. 

Sé que tienen razón, sé que mi pieza TEA saldrá tarde O temprano de la normalidad de una sociedad en la que molesta, pero ¿Hacía falta decirlo de buenas a primeras? ¿Hacía falta solo hablar de las cosas más problemáticas? ¿Obviar sus avances como algo sin importancia? 

No, mi pieza TEA no ha llegado a su límite. No, mi pieza TEA no es una molestia ni un problema. No, mi pieza TEA no es como los demás, pero no por eso es menos. 
Hoy me permito la rabia. Hoy me permito saber que también nosotros nos hemos topado con la exclusión. 

Nada parece querer cambiar, porque el sistema montado ya está bien. Porque no hay ideas para cambiarlo, porque no reparten oportunidades más allá de la tierna infancia. Y ésta se nos está acabando. Con 9 años. 

Intuyo un último año de tregua. Un último año en ese entorno protector del cole. Intuyo un futuro cercano lleno de cambios que sabía que se harían realidad pero no tan pronto.

Hoy me permito enfadarme con el mundo, con los profesionales que trabajan cada día con mi pieza TEA. Hoy me permito arrepentirme de haber sido madre para darle una vida tan puta a mi pieza TEA. Me permito esas lágrimas facilonas que alivian y duelen a partes iguales. Hoy me permito insultar de viva voz a la vida y gritar pidiendo pararlo todo.

Mañana la calma volverá a mí. Observaré el mundo y seguiré andando. No queda otra.



sábado, 8 de mayo de 2021

EL PAQUETE DE KLEENEX

Hay gestos que nos recuerdan que todavía hay humanidad. Gestos que, aunque los recibas llorando, te dibujan una sonrisa en el rostro y te animan a pensar que a pesar de todo, la vida vale la pena. A veces son gestos que te rescatan de tu pozo tendiéndote la mano sin pedir nada a cambio. Otras, como hoy, que aunque parezcan una absurdidad te hacen olvidar la mierda donde estabas unos minutos antes.

No puedo explicar el porqué de mi hundimiento, el porqué de mis lágrimas, por respeto a quienes todavía quieren luchar por derrotar la injusticia, pero sí me atrevo a decir que mis lágrimas eran de rabia. Rabia reprimida que ha salido sin trabas. Rabia porque se habla de inclusión excluyendo. Rabia porque se está jugando con las necesidades de mi pieza TEA, de su bienestar y su ilusión. Rabia porque no tenemos bastante con nuestro día a día, que lo que parecía algo seguro y un problema menos, se convierte en una nueva lucha más, en una nueva incertidumbre, en poner más zancadillas porque sí. Porque estoy harta de los noes, porque no puedo más, porque necesito sentirme como cuando te tumbas sobre la hierba fresca y la sombra de frondosos chopos te refrescan el alma y una tenue brisa te calma y te relaja. Odio esa sensación de abismo en el que cada dos por tres nos vemos abocados. Caída libre, rezando para que de la nada aparezca un paracaídas que nos salve de una caída mortal.

Malas noticias para verano y mi pieza TEA. Es como un bucle que se inicia cada año en mayo. Vivir en la incertidumbre de cómo sobrevivir a un largo verano. El porqué, todavía no lo puedo ni quiero decir de viva voz, ya lo diré... Pero va de inclusión sin inclusión. Así lo veo yo. Intereses de unos aunque se pisen ilusiones de unos pocos.

Salir de ahí con lágrimas rabiosas, cabreadas. Llegar a la cafetería donde desayuno cada sábado desde hace unas semanas y seguir llorando. Descubrir que no me quedan más pañuelos de papel. Desear que las lágrimas cesen porque sino no sé que haré con mis mocos. Utilitzar servilletas de papel sin parar para intentar secar mi nariz. Ver pasar a la camarera y con una sonrisa decirle que acabaré con las servilletas. No oir ninguna respuesta. Pensar "qué más le dará". Encontrarme una mano tendiéndome un paquete de kleenex. Unos ojos que me miran y una voz que me dice: "no llores". Esa misma voz que me pregunta, que pierde dos minutos sin atender otras mesas para preocuparse por esos ojos enrojecidos por las lágrimas. Ya no de rabia sino de agradecimiento, por ese gesto, por esa mano que aprieta mi hombro para transmitirme su apoyo y darme su fuerza. 

No nos conocemos, no somos amigas, pero su gesto ha sido el que me ha hecho sonreír, el que me ha recordado que hay que seguir, que vale la pena seguir y valorar todo lo bonito de las pequeñas cosas.

No sé cómo se solucionará el verano de mi pieza TEA. No sé si me esperan más lágrimas y pataletas de rabia o aparecerán aquellas que tanto me gustan que surgen de una alegría desmesurada. 


Ya veremos. 

domingo, 2 de mayo de 2021

HAY DÍAS QUE...

Te miro y nos miro. Te veo y nos veo. Somos dos, somos uno. Hay días que me gustaría ser uno sin ser dos. Sin mi eterna extensión. Hay días que me gustaría que los paseos frente al mar fueran solo para mí. Hay días que solo querría taparte, darte un beso en la frente, decirte buenas noches y que te quedaras en tu cama, quieto, preparado para dormirte. Hay días que desearía levantarme, ducharme, hacerme el café e irme sin prisas a trabajar. Hay días que desearía que nuestro hogar fuera un lugar silencioso, muy zen. Todo ordenado, todo impoluto, como de revista. Hay días que desearía que las tardes fueran solo para mí, sin tener que ir a la calle después del trabajo para ir a terapias, para entretenerte en el parque o pasearte en coche. 

Hay días que... Hay días que me dolería en el alma que no fuéramos dos y uno a la vez. Hay días, que esos paseos marítimos a dúo, son los que me dan paz y me dan vida, un chute de energía que quiero pero no busco. Hay días que sin esa media hora para que te duermas, no reiría, porque no te oiría cantar a tu manera esas canciones que tanto te gustan... Inglés, castellano o catalán, da igual. Tú las cantas para ti y para mí. Yo las disfruto y sonrío porque oírte me hace feliz. Hay días que si me voy a trabajar són llevarte al cole, el coche está vacío, me faltas tú y tus constantes vistazos al cuentaquilómetros. No es lo mismo.

Hay días que miro nuestro destartalado hogar y te miro y oigo a ti y sé que eres feliz, que no te importa mucho tener una casa de ensueño. Sé que eres feliz en casa cuando estamos completos, cuando somos dos y somos uno, pero sobretodo cuando somos tres y somos uno.

Eso, todas esas pequeñas cosas son lo que vale la pena de ser madre. Todo lo jodido de nuestro día a día se olvida con estos pequeños momentos, todo ese arrepentimiento de haber querido ser madre, se desvanece con tus Risas, tus abrazos y tus palabras cada vez mejor pronunciadas. Soy madre, pero no una cualquiera, soy TU madre, y, no lo dudes nunca, orgullosa de serlo y de tenerte... Aunque haya días que...

FELIZ DÍA DE LA MADRE. A todas, las que son perfectas, las que se creen perfectas, las que lo intentan y luchan por Ello y por las que no se lo creen y merecen lo mejor.



sábado, 13 de marzo de 2021

NOTAS

Notas. Hace años tenía la sana costumbre de escribir notas. Ideas que aparecían en mi mente, motivo de futuros escritos o para incluirlo en mininovelas inacabadas que ahí siguen, a la espera de que las retome algún día. Las tengo presentes. Me encantaría poder terminarlas. Una, porque surgió de mi abuelo. El único que pude conocer pero que solo tenía ojos para su nieto mayor, mi hermano. O quizás no. Seguramente no. El caso es que gracias a él empecé un libro que aunque ya tiene el principio y el final escrito, media trama se perdió en mi mente. El otro... Este es el importante, la "obra maestra", el que empecé hace veinte años. El que habla de los míos, sin tapujos, tal cual los veía y quizás aún los veo. Mezclando ficción y un romanticismo inútil. Surgido de un lugar de ensueño en mi infancia y de una música que nos empeñamos en escuchar en directo, gintonic en mano y cigarrillos que van y vienen. Un jazz tocado con sentimiento  por un grupo de jóvenes entusiasmados con ese sonido tan diferente, tan vivo, tan alegre y tan triste a la vez. También tiene final y mucho escrito. Muchos sentimientos y muchas maneras de ver las cosas... Tal y como las sentía hace veinte años. Y ahí está a la espera de seguir siendo escrita. El miedo me paraliza porque ya no soy la que era ni pienso ni siento como antes. Esa esencia de tener veinte años, de no haber vivido encontronazos como el que me ha tocado vivir... Quizás ya no esté.

Y hoy me encuentro una nota en el bloc de notas de mi móvil. Inicialmente para un post que ya escribí hace unos meses. Pero no recordaba todo lo que había escrito.. "Moments que es perden amb el putu autisme. No poder seguir tradicions no trobar res que pugui seguir la saga familiar. Aquí s'acaba tot". Me duele. Eso es lo que me duele. Es como una obsesión que ronda y ronda por mi cabeza. Lo he escrito otras veces. ¿Tiene recuerdos mi pieza TEA? No de datos, no de lugares, no de fechas... De momentos. De momentos con su padre, de ratos de risas con sus compañeros, de juegos conmigo, de las comidas de las abuelas, de sus primos, sus tíos... ¿Los tiene? Quizás caen en saco roto. Quizás no son relevantes para ella. Quizás soy yo que le doy demasiada importancia a mantener vivos los recuerdos. Quizás es miedo a que en el futuro, cuando ya no estemos no haya un hijo que nos recuerde y nos mantenga vivos con historias del pasado. 

Sé que es algo que no debería preocuparme, que hay preocupaciones mayores como el futuro de mi pieza TEA, pero no poder transmitir como me transmitieron y transmiten mis padres, no poder tener una noche de verano en la terraza recordando vacaciones de antaño, o historias que nos hicieron reír, no poder compartir como yo he compartido, me mata.

Lo vivo con un declive familiar. Como aquellas historias de casas de ricos que acaban en la decadencia más absoluta. Y me entristece.

Debería resetear un poco, volver a la esencia de las buenas cosas del día a día con mi pieza TEA. Ella se lo merece. Merece que quede constancia de sus logros, de sus rabietas, de sus triunfos y de sus avances. Esa era la esencia del blog. No escupir sin más pensamientos que me vienen y que no aportan nada bueno a la visión de mi hijo ni a la visión del autismo en general.

Prometo resetear. Prometo volver a las buenas costumbres. Volver a gritar de viva voz todas las cosas bonitas que nos suceden en el día a día. Porque siguen habiendo, siguen los avances, siguen las victorias y alguna que otra derrota.

Toca hacer limpieza mental. Abrir la mente de nuevo a nuestro presente y relegando el futuro al lugar que le corresponde, el no ser, el no existir todavía.



sábado, 6 de marzo de 2021

RECUERDOS DE UN PARQUE

Sábado. Otro día más amanece nublado. Llevamos toda la semana con el mismo tono grisáceo en el cielo. Un día vale, dos bueno va, tres, los ánimos empiezan a cambiar, cuatro, va creciendo una mala leche sin sentido, cinco esa mala leche se convierte en una melancolía difícil de asimilar así como así. Echamos de menos el sol. Ese sol que ilumina todo a nuestro alrededor, ese sol que calienta en invierno y agradece nuestro cuerpo. 

Hoy es sábado, y como cada sábado mi pieza TEA y yo nos levantamos pronto porque vamos al casal de la pilota.

Ya está dentro, gozando, o no, de las propuestas del día. Dos horas para mí. Podría ir a desayunar y leer en un silencio interior que me aleja del bullicio habitual de las cafeterías a primera hora de la mañana, pero están a punto de cerrar... Normativa covid. Podría ir de tiendas, sin prisas, parándome donde quisiera y el rato que quisiera, pero en fin de semana las tiendas están cerradas... De nuevo, normativa covid. Así que solo me queda caminar. No me importa. Me gusta hacerlo sola porque puedo observar, ver detalles de una ciudad que veo normalmente a toda prisa porque llevo a mi pieza TEA de la mano. Mirar con otros ojos lo que en el día a día pasa sin pena ni gloria por nuestros ojos.

Echo a andar, cuesta arriba, poquito desnivel eso sí. Todo cerrado, todo medio en silencio salvo el movimiento de los coches. Y llego a un parque.

Es pronto, solo hay algun que otro papá o mamá con pequeñajos de uno o dos años. Aprovechan que todavía no hay los revoltosos niños de 6 u 8 años... Se oyen palabras como "cuidado" "olé" "te gusta el columpio eh?”... "Papi mira!"... Y lo echo de menos.

Todo me recuerda a mi pieza TEA. El viejo tren de madera que todos los niños lo viven como si fuera de verdad. Pasando de vagón a vagón hasta llegar a la locomotora. Mi pieza TEA con dos años también se subía, pero ahora sé que no veía el tren, solo un amasijo de maderas por las que trepar.

Sigue mi mirada y se va al tobogán. Era tan largo hace unos años. Ahora se le ha quedado más que pequeño y ha perdido todo interés. Cuantos días vigilando que con su cuerpazo no arrollara a ningún pequeñajo inocente. Nunca se atrevió a escalar por las cuerdas. Todo lo valiente que es mi pieza TEA para algunas cosas... Pero escalar por las cuerdas no.

Ha desaparecido el balancín balanza que le llamo yo. Muchos días me tocaba subirme a un lado porque a mi pieza TEA le encanta. Sube tú, bajo yo. Bajo yo, sube tú... Mientras cantábamos, mientras contábamos hasta diez, o veinte e incluso a cien. Ya no está. Forma parte del pasado, de nuestro pasado, de momentos de sonrisas francas y felicidad infantil. En su lugar una estructura de columpios que se miran unos a otros. Una estructura inclusiva puesto que hay columpios para bebés, para más mayores y uno para niños especiales. Tengo que traer a mi pieza TEA para que vea esta estructura.

Y sigo paseando mi vista por el parque y las veo. Grandes e imponentes, las letras del nombre de la ciudad. Cuantas veces hemos subido a mi pieza TEA porque es tan poco ágil que no sabe escalar aún habiendo los soportes para ello. Cuántas fotos bonitas de mi pieza TEA ahí, estirado en la E, sentado en el agujero de la R, usando la S de tobogán o saltando por el hueco de la U. Ya no podríamos auparlo para que subiera... Debería esforzarse ella sola... Y eso implica que el tiempo pasa... Y no perdona, como diría aquél.

Decido reanudar la marcha y me adentro por un caminito que lleva a unas mini colchonetas para saltar. Ahí empezó a coordinar su cuerpo para saltar con los pies juntos hacia delante. No sabía o no podía. Y observó a otros niños que lo hacían... Y lo consiguió. Hoy, esas colchonetas no están. Sólo hay una agujero lleno de hojas secas y unas vallas cercándolo. Sólo deseo que las vuelvan a poner, que las renueven. Necesito ver de nuevo a mi pieza TEA saltar de una a la otra.

Y con esa penita sigo andando. Esas esculturas de animales. Como cualquier mamá, empeñada en sacarle una foto a mi pieza TEA sentada en cada una de ellas... Era tan pequeña, y tan bonita mi pieza TEA... Ahora la figura ya no se vería si se sentara para echarle una foto.

Y con el corazón en un puño sigo mi paseo por el parque. De lejos, veo la estructura de psicomotricidad. Qué bien se le daba! De chiquitín mi pieza TEA no tenía miedos y ese circuito lo hacía cual soldado experimentado. De más mayor la torpeza se hizo evidente pero disfrutaba corriendo por la minirrampa para arriba y para abajo. Ya no lo llevamos... Es para niños pequeñitos y ya no tiene ningún sentido para mi pieza TEA.

Se acaba el parque y me queda una última mirada. Un último recuerdo. Esa estructura que gira y gira. Esa estructura que tanto le gusta a mi pieza TEA y que tanto nos hace cansar a nosotros. Esa estructura que me ha dado momentos de comprobar que hay personas con corazones grandes que son capaces de ver a mi pieza TEA como un niño que también quiere divertirse.

Un suspiro, una lágrima lenta que sale, otra que corre por mi mejilla. Recuerdos de un parque, recuerdos de una niñez que parece que se me escapa de las manos. El principio del final de una etapa que aunque dura ha sido y, de momento, sigue siendo bonita.



lunes, 8 de febrero de 2021

PER MOLTS ANYS BITXO PETIT

9 años. Sin esperarlo, sin casi verlo, pero ahí están. Tú, mi sueño cumplido. Tú, mi pesadilla... No, tú nunca serás mi pesadilla, porque eres mi vida, mi motor, mi todo. 

Nueve años a tu lado, aprendiendo yo más de tí que tú de mí. Compartiendo momentos. Cada despertar, cada risa, cada enfado... Recogiendo tus lágrimas de frustración y escondiéndome las mías bajo una sonrisa forzada porque lo que menos mereces tú es una madre triste. 

Acompañándote en una melodía celestial de risas agudas que todo lo curan, que se esfuerzan en hacer cicatrizar esa herida perenne que se niega a ser tan solo eso, una vieja cicatriz de guerra.

Has dolido, y mucho. Tanto como felicidad me has dado. Cada paso hacia delante, cada nueva gesta conseguida, cada palabra mejor pronunciada, cada mirada bien intencionada, cada beso que ha ido mejorando, pasando de ser una mano que yo besaba a una cabeza que rozaban mis labios a unos labios que rozaban mis mejillas... Todo eso es lo que me ha hecho descubrir una felicidad absoluta, un hincharse el corazón queriendo casi reventar o salir volando de mi cuerpo.

Todos los baches pasados son borrosos en mis recuerdos. Son vaguedades que se han convertido en anécdotas dignas de una sonrisa de alivio porque es un episodio pasado. Son piedras en nuestro camino hacia no sé dónde. Pero las saltamos, las chutamos lejos para que no entorpezcan el camino de los que vienen detrás.

No lo olvides nunca, mi querida pieza TEA, tú no eres el error. Tú no eres culpable de nada igual que no lo somos ni tu padre ni yo. 

Si algún día llegas a leer y comprender todos los episodios aquí contados enorgullécete de ti misma. Porque tú y solo tú has logrado dejar huella ahí por donde pasas. Tú y solo tú te has hecho querer y pocos o ninguno han sido los que no han querido lo mejor para tí. Tú y solo tú te has hecho querer por todos los que se han unido en tu camino en un momento u otro.

Tú y solo tú has logrado lo conseguido. Tú eres quien se ha esforzado, quien de mala o buena gana has aprendido lo que te enseñábamos entre todos.

Sé que nos queda mucho trecho por delante, que no sé cuál es el destino, en qué estación nos bajaremos. Sé también que no habrá camino de rosas, aunque quizás haya pequeñas flores que embellezcan el camino. No lo sé. No quiero soñar bonito tu futuro ni tampoco pintarlo de grises oscuros.

Sólo quiero seguir andando contigo, de la mano, como siempre, descubriendo día a día tu destino, escribiéndolo unidos.

Cada 8 de febrero será un día especial, lo haremos especial, a nuestra manera, sin fiestas con niños porque ya es tarde, con felicitaciones sinceras de los que te queremos, soplando cada vez más velas, sonriendo a la foto de rigor, aunque a veces tú no quieras ni mirar a la cámara, abriendo regalos escogidos con la esperanza de que te llamen la atención, comiendo una tarta que es un simple bizcocho porque es tu día y son tus deseos.

No cambies Arnau, sigue regalando esa felicidad sencilla que dibujan tus labios y chisporrotea en tus ojos.

Tú  nos das vida, tú nos das todo sin pedir nada a cambio.

T'ESTIMO bitxo petit.